miércoles, 22 de mayo de 2013

La nostalgia y otras bellas etimologías

Aunque la etimología griega riega con sus aguas sobre todo la terminología científica, también es cierto que nos presta hermosas imágenes del día a día y que tras su críptica apariencia no deja de ofrecernos hermosas historias de palabras que han viajado en el tiempo hasta nosotros dejando a su paso paisajes llenos de sentimiento.

Es el caso de la palabra "nostalgia", compuesta por -nostos ("regreso") i -algia.
Nos centramos en este último elemento, -algia, que viene recogido así en el Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico de la Universidad de Salamanca:
Leng. base: 
gr. Antigua reintroducida. Docum. en 1930 en esp. A partir de compuestos acabados en -algia se ha extraído como palabra agrupando los distintos tipos de dolor, por tanto, como dolor inespecífico, sin localización concreta.
Cualquier persona que se haya sentido lejos de su hogar refrendará la profundidad de este sentimiento, tanto como quien añora un tiempo lejano o una persona perdida. "Pérdida", tristeza", "pena" y "melancolía" son algunas de las palabras que la RAE utiliza para definir esta palabra, pero resulta todavía más impactante conocer el origen de esta palabra: se trata de un neologismo acuñado en el siglo XVII por el médico suizo Johannes Hofer, que trataba en su tesis doctoral cómo un estudiante y su sirviente agonizaban a causa de una extraña enfermedad, pero sanaron de forma milagrosa cuando regresaron a casa con su familia.

                                                  Ulises, nostálgico en la isla de Calipso   

También es muy gráfica la palabra "piropo". Este término, que ya existía en griego antiguo, está compuesto de πρ ("fuego") ι πος ("aspecto"), y hacía referencia a una piedra preciosa de color rojo intenso, parecido al rubí, pero con el paso del tiempo ha pasado a designar una lisonja con mayor o menor carga erótica, por el enrojecimiento que provoca en quien lo recibe (se le queda la cara roja como el fuego).



Y entre la melancolía de la nostalgia y la puerilidad del piropo me gustaría destacar aquí una palabra que desde siempre me ha impresionado por su fuerza semántica y sentimental. Se trata de "sarcófago", etimológicamente "que se come la carne", ya que está compuesta de  σαρκός ("carne")  φάγεῖν ("comer"). Como podréis suponer, el término ya apuntaba el destino que esperaba al cadáver en aras de la descomposición, que ocurría dentro del continente funerario.


Como podéis ver, aunque a veces la etimología, sobre todo en su vertiente más científica y erudita, pude resultar un tanto farragosa, nos permite ir más allá de las palabras y comprender no sólo lo que significa un término, sino también qué sentían quienes lo acuñaron y qué connotaciones tienen.