domingo, 19 de mayo de 2013

Alimentos que dan VIDA




Son aquellos que van más allá de la nutrición básica, gracias a las características de sus componentes fisiológicamente activos, y que aportan efectos beneficiosos sobre una o varias funciones específicas dentro del organismo, mejorando la salud general, el bienestar y reduciendo el riesgo de enfermar.

Se trata de alimentos normales, ya sean naturales (como las hortalizas, frutas, zanahorias o tomates) o modificados tecnológica o biológicamente (como la leche o los yogures), que forman parte de la dieta habitual de la población sana, pero a los que se les han añadido o eliminado algunos de sus componentes.

No son, por tanto, píldoras, tabletas, suplementos o alimentos dietéticos o destinados a un colectivo poblacional con algún problema nutricional (alimentos sin gluten, fórmulas para lactantes, sustitutos alimenticios,…) o que estén concebidos especialmente para adelgazar. 

 

De entre los cinco grupos de alimentos funcionales encontramos tres modalidades denominadas con nombres compuestos de origen griego. Son los PROBIÓTICOS, PREBIÓTICOS y SIMBIÓTICOS. 
La denominación de cada tipo de ALIMENTOS BIO-, debido a que sus propiedades y beneficios son por lo general similares o complementarios, muchas veces causa confusiones, usándose uno de de los tres términos cuando en realidad debería haberse usado el otro. Y ello es algo que se observa diariamente en las etiquetas de varios alimentos funcionales.
Así pues, vamos a establecer las diferencias los tres vocablos en base a su formación etimológica a fin de aclarar conceptos y poder saber qué beneficios reales nos puede aportar lo que comemos.

PROBIÓTICOS:
En las lenguas modernas esta denominación se usa como sustantivación de un adjetivo de origen griego formado por el prefijo πρό 'delante de', 'antes de' + βίος 'vida' + el sufijo adjetival -τ-ικος/-τ-ίκη, característico de todos los adjetivos griegos procedentes de sustantivos con sufijo –sis. En su origen griego esta palabra significaba 'previo a la vida', pero en la última década del siglo XX se reintroduce como neologismo del lenguaje técnico de la alimentación y de la tecnología de los alimentos con el significado actual. El término renace como un híbrido formado por el prefijo latino prō- 'hacia adelante, a favor de' y los mismos componentes griegos arriba mencionados.
El término se aplica, en este campo científico, a aquellas sustancias con microorganismos vivos (esencialmente bifidobacterias y lactobacilos) que, administradas en cantidades adecuadas, posibilitan la interacción de estos microorganismos con las bacterias de la flora intestinal o de su mucosa determinando, así, la actividad biológica intestinal y aportando beneficios para el organismo.
Entre estos beneficios podemos citar su capacidad para reemplazar la microflora intestinal (disminuida por el uso de antibióticos, a causa de enfermedades, estrés, viajes o cambios de estilos de vida) y para mejorar las propiedades de la microflora nativa, haciendo al intestino resistente a infecciones y aumentando la absorción de vitaminas y minerales de los alimentos durante la digestión. Otros beneficios más amplios son la prevención de la osteoporosis o de la caries, la reducción de la concentración del colesterol sérico, la prevención de cáncer de colon, etc.


Se dan sobre todo en lácteos fermentados (como leches o yogures), productos que suelen recomendarse en la dieta para prevenir o tratar cuadros de diarrea ocasional o crónica, enfermedades inflamatorias intestinales, alergias alimentarias, etc. y, en general, para favorecer la salud de la flora intestinal.

En base a tales beneficios, estas sustancias alimenticias hacen honor a su etimología moderna: prō- 'a favor de, en benefico de' + βίος 'vida'.


PREBIÓTICOS:
En este caso su etimología remonta a un término híbrido grecolatino, formada por el prefijo latino prae- 'antes de', 'delante de', 'más que' y de nuevo el sustantivo griego βίος 'vida' + el sufijo adjetival de origen griego -τ-ικος/-τ-ίκη, ya comentado previamente.
De acuerdo con su etimología el término posee el significado esencial de 'anterior a la existencia de vida en la Tierra', siendo reutilizado desde mediados del siglo XX por el inglés como neologismo de las ciencias de la alimentación en referencia al sustrato nutritivo del probiótico.
La ciencia alimentaria define este tipo de alimentos como sustancias o suplementos de la dieta no digeribles por el organismo. Estos sustratos son capaces de escapar a la digestión en la parte alta del intestino, pudiendo alcanzar el intestino grueso para promover, al ser fermentados por la flora intestinal, la proliferación de bifidobacterias en el colon y de lactobacilos en el intestino delgado beneficiosos la salud, ya que estimulan de forma selectiva el crecimiento o actividad de las bacterias intestinales beneficiosas y suprimen bacterias nocivas de forma potencial.


Al igual que los pro-, los prebióticos tienen importantes funciones en el organismo, contribuyendo a mantener el balance hidroelectrolítico, a aliviar el estreñimiento o la diarrea, a reducir los  niveles de triglicéridos séricos, el colesterol y muchas lipoproteínas de baja densidad, así como a prevenir enfermedades más graves, como el cáncer intestinal.

Se encuentran de forma natural en alimentos como el trigo, la cebolla, el plátano, el ajo o el puerro. Asimismo, son abundantes en la leche materna o en formulas lácteas infantiles. El yogur también lo es debido a su capacidad para suministrar alimento a la flora intestinal. Esto explica el objetivo de las campañas publicitarias de alimentos con bífidus activos tan presentes actualmente en nuestros medios de comunicación.



SIMBIÓTICOS o SINBIÓTICOS
En griego este término significa 'relativo a la convivencia' y está formado por el preverbio griego σύν  'con', 'unión' ‘en compañía de’ + βίος 'vida' + el sufijo griego -τ-ικος/-τ-ίκη.
Se refiere en griego clásico las relaciones sociales entre personas, a la convivencia y, en especial, a la que se da entre compañeros o a la convivencia dentro de una pareja humana, pues el prefijo syn- no se usaba para animales u otros seres vivos.
Con este adjetivo se ha relacionado estrechamente hasta hace muy poco el término simbiosis, formado a partir del prefijo σύν ‘con’, y el sustantivo derivado βωσις ‘medios de subsistencia’. El lenguaje de la biología actual lo utiliza para definir toda asociación de individuos animales o vegetales de diferentes especies para sacar provecho de la vida en común. Este significado se formó en el alemán Symbiose cuando el término, en desuso desde IV d.C, reaparece en el lenguaje biológico y botánico del siglo XIX.
Este significado pasa a los derivados de este sustantivo, como es el caso del adjetivo simbiótico cuyo significado básico es el de ‘perteneciente o relativo a la simbiosis’. 
El significado técnico de simbiótico en el campo de la alimentación funcional se refiere al alimento que combina componentes pro- y prebióticos específicos. 
Ángel Gil, en su Tratado de Nutrición. Tomo II (p. 460) , escribe el término como SINBIÓTICO, con “n”, y justifica su decisión ya que el término designa la mezcla de probióticos y prebióticos con efectos biológicos combinados y no hace referencia a efectos derivados de la simbiosis entre dos microorganismos.
La relación no es simbiótica sino sinérgica, esto es, conjunta, y se da porque el componente prebiótico favorece el efecto del probiótico asociado, estimulando el crecimiento de ciertas bacterias ácido-lácticas beneficiosas para la salud, el crecimiento y el metabolismo humano.

Por regla general los alimentos simbióticos son lácteos en forma líquida y bebible. Pero, de forma natural podemos obtener elementos simbióticos de alta calidad y difícilmente mejorables industrialmente, si combinamos regularmente y de forma equilibrada en la dieta alimentos naturales con acción prebiótica y alimentos con propiedades probióticas.



¿Y los MACROBIÓTICOS? ¿Son también alimentos funcionales?
Pues no. Se trata de una forma alternativa de nutrición de origen oriental que trasvasa al campo de la alimentación la filosofía del equilibrio vital y espiritual del yin-yang.
Su dieta se basa en la combinación de alimentos yin (azucares, féculas, lácteos, carnes, huevos) cuya composición contiene potasio, y alimentos yang (cereales, semillas, legumbres, algas y pescado), compuestos por sodio.  

Los alimentos macrobióticos, de acuerdo con su etimología griega μακρός ‘grande’, ‘amplio’ + βίος 'vida' + -τ-ικος/-τ-ίκη, contribuirían a hace la vida más larga y saludable.
Macrobiotico es, pues, un neologismo griego retomado en el siglo XX a partir del francés decimonónico macrobiotique donde significaba lo ‘relativo a la higiene vital que produce longevidad'. Actualmente, en nutrición, se ha especializado para designar esta dieta, basada en los principios cosmológicos chinos del yin y el yang adaptada a la salud del individuo y variable según las estaciones del año, que pretende rejuvenecer cuerpo y espíritu y hacer más longevo a quien la consuma.









Bibliografía: 
-        Ángel Gil, Tratado de Nutrición. Tomo II: Composición y Calidad Nutritiva de los Alimentos, Madrid, 2010.
-        Carmen Montero Morales, Alimentación y vida saludable. ¿Somos lo que comemos?, Madrid, 2005
-        Daniel A. De Luis, Diego Bellido et alii (eds.) Dietoterapia, nutrición clínica y metabolismo, Madrid, 2012.
-        dicciomed.eusal.es   Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico. USAL (2007-2012), s.v. probiótico, ca; s.v. prebiótico; s.v. simbiosis; s.v. macrobiótica.
-        Diego Bellido y Daniel A. de Luis (ed.) Manual de nutrición y metabolismo, Madrid, 2006.
-        Socorro Calvo Bruzos (coord..), Nutrición, salud y alimentos funcionales, Navarra, 2011.
-        Stedman Biblingüe: Diccionario de Ciencias Médicas. Inglés-Español, Español- Inglés. Buenos Aires, 2006.